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Honestidad Ante Todo

Por Humberto Famanía Ortega.-

Cuando tengo la oportunidad de caminar por la plaza de armas de mi tierra Puerto Vallarta, Jalisco, encuentro amigos de muchos años que me hacen sentir una verdadera nostalgia al recordarme acontecimientos históricos, por ejemplo: Las fiestas patrias se celebraban con emoción, la famosa kermes, diferentes puestos ofreciendo antojitos mexicanos, aguas frescas, recuerdos patrios, música y una cárcel donde los policías eran mujeres que atrapaban a todas aquellas parejas donde los obligaban a mentiritas bajo una cuota módica a casarse ante un juez nombrado por el evento, pero primero pasaban al calabozo.

Nos divertíamos de una forma tal que se guardaba mucho orden y respeto, los juegos pirotécnicos, el palo encebado, el torito. En fin diversiones muy sanas que hacían el deleite de estas fiestas llenas de sabor mexicano. Esperábamos con mucho respeto el famoso grito de independencia y después todos entonando el himno nacional. Una vez que terminaban los festejos regresábamos a casa, en estos tiempos de calor se dormía con las ventanas abiertas, éramos un pueblo comprometido con la honestidad a todas las familias que habitábamos este prodigioso municipio.

Por otro lado se tenía el cine Morelos, se proyectaban las películas por la noche porque era un salón destapado, donde disfrutábamos películas de Pedro Infante, Jorge Negrete, Luis Aguilar, Mario Moreno Cantinflas, Libertad Lamarque, María Victoria, Viruta y Capulina. En estos tiempos cuando llovía pues a correr a la parte con techo era toda una odisea. Uno de los técnicos proyectista era el famoso Manolín, cuando se cortaba la película en los más emocionante le gritábamos ojo de lisa, por tenía una nube en uno de ellos. Era todo un espectáculo el asistir a esta famosa sala rustica, donde en honor a la verdad la mayoría éramos asiduos clientes, gozábamos comer los cacahuates con sal y chile.

Tambien este recinto era de usos mulltiples, pues allí se presentaban las famosas caravanas de la cerveza corona donde se presentaban los artistas de cine. Se habilitaba para funciones de lucha libre y box tenian sus temporadas, se difrutaba en un excelente ambiente de camaradería. Varias personas habitantes de este lugar se convirtieron en luchadores y boxeadores de primera línea, tenían sus fans se convirtieron en ídolos del espectáculo. Era una diversión muy sana, todos nos conocíamos gozábamos del extraordinario ambiente.

Cuantas anécdotas brotaron en ese momento de disfrute en este paseo por el centro del Puerto, nuestro icono siempre erguido la torre de la iglesia de Guadalupe y ya después en 1966 la corona que luce esplendida. Nuestra asistencia a misa, al catecismo, a las obras de teatro promovidas por la parroquia, pero sobre todo las campanadas que nos marcaban las horas del culto. Afuera existía un pizarrón donde se clasifican las películas que se exhibían en A,B,C dependía del grado de contenido para menores y mayores de edad. Siempre por vagos algunas veces a escondidas se borraban las clasificaciones y se cambiaban, pocas veces se lograron estas travesuras porque existía mucha vigilancia.

En nuestros recuerdos la cafetería de moda la americana, reunión de jóvenes donde saboreábamos de ricas nieves y refrescos, donde citábamos a nuestros amigos para platicar de nuestras vivencias del día.

 

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