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Benditas Madres

Por Humberto Famanía Ortega.-

No encuentro las palabras adecuadas para decir gracias al amor incondicional de todas las madres del mundo. Seres que por consigna de Dios les otorgo el don de procrear en su sagrado vientre los hijos, semillas de vida que a través de unos meses de embarazo dan nacimiento a seres humanos donde construirán su propia plataforma para  facilitar una breve estancia en este planeta azul. En cada instancia del tiempo suelo reflexionar sobre el papel tan primordial que asumen para garantizar la vida buscando cubrir las necesidades básicas de supervivencia ante un mundo tan convulsionado, sediento de paz y armonía

Tomo como ejemplo lo que viví con mi madre que descansa en paz y ahora lo difruto al lado de mi esposa y mi hija. Mujeres que con su amor han sabido moldear con sus hijos, principios que han servido de manera primordial en la formación que sirve para justificar nuestra tarea encomendada. Lo importante que nos nutren con un ingrediente llamado amor que  hace que el camino no sea tan sinuoso. Día a día nuestras madres luchan en la construcción de un entorno más justo y digno para todos, es decir de un mundo más humano donde la equidad resuelva múltiples problemas sociales.

Cuando tuve conciencia de ser un niño, recuerdo como mi madre me mantenía bajo un clima de alegría, escuchaba su bella voz entonando una canción que hacía que mis sentidos se llenaran de mucha energía. Siempre atenta ante cualquier necesidad en el hogar, daba respuesta de inmediato y asi era con todos sus hijos pues fuimos 10 a Dios gracias todos sanos, recibiendo de ella mucho cariño sin preferencias. Con un toque especial a los alimentos los elaboraba con la finalidad de mantenernos con los nutrientes necesarios para lograr crecer donde existiera equilibrio en lo que comíamos.

Recuerdo su máquina de coser donde trabajaba en sus tiempos de descanso para vestirnos, me arrullaba con el zumbido causado, viendo cómo metros de tela los convertía en piezas de vestir. Se daba tiempo para ayudarnos a hacer la tarea, pues ella desde muy pequeña a la edad de 13 años fue maestra, gracias a su privilegiada inteligencia y tenía mucha practica en la docencia. La religión católica en casa se practicaba para la consecución  de valores para fortalecer nuestra conducta, situación que llevo en lo más dentro de mi ser ya que es el acicate para vivir en la Fe. Ahora en dia puedo dar grandes testimonios de vida que engrandecen y motivan mi espíritu.

Fui creciendo, mi madre fue mi mejor consejera y amiga, poseía un conocimiento que siempre encontraba las respuestas idóneas cuando necesitaba de sus consejos. Poseía el don de la enseñanza y en sus manos había una energía; cuando padecía de algún golpe o torcedura en unos cuantos minutos que me frotaba aliviaba mis dolores. Nunca podía engañarla me leía el pensamiento, en mis momentos de tristeza me reconfortaba dotándome de un halo de esperanza. Santa y bella madre como olvidar momentos de alegría pero sobre todo de solidaridad con toda la familia.

Mi preciosa madre María Luisa Ortega de Famania, fuiste un gran ejemplo y lo practicabas muy a menudo del amor al seno familiar y al prójimo, nunca buscaste reconocimientos al contrario actuabas en bajo perfil. Fortaleciste en todo tiempo tu fe a Dios, nos enseñaste el verdadero camino a la felicidad por medio de la palabra de los evangelios. Nos enseñaste a respetar para ser respetados haciendo a un lado egoísmos, envidias y mentiras, situación que sigue vigente como enseñanza a nuestros hijos. Tu obra sigue en mi corazón y muy activa, motivo de orgullo que inmortalizo tu paso por la vida.

Nunca se me olvidara el día que marchaste al seno de nuestro Creador, ese día cuando antes de morir te pregunte que como te sentías y me contestaste: Hijo me preparo para ir al encuentro del Señor. Nunca olvidare tu rostro tan bello y tu tranquilidad, a las pocas horas falleciste al lado de tu familia. Tu amor de Madre todo un acontecimiento que deberá de brillar hasta la eternidad, tu luz sigue alumbrando mi camino, estas en los momentos cuando te invocamos. Tu presencia física se disipo pero la esencia de tu alma sigue vigente en un amor sublime, bendita madre.

Mi admiración por mi esposa Mary Elena, fiel compañera, madre amorosa, con una especial atención  a la educación de nuestra bella y única hija Maryta, todo tu tiempo dedicada en cuerpo y alma sirvió ya que ahora lograste formar una excelente mujer. Me hizo recordar cuando mi madre usaba su máquina de coser, ahora tu volviste a hacer lo mismo con nuestra hija, para confeccionarle bellos vestidos, lo afirmo eres una gran diseñadora, todo por amor. En cada momento presta a estar presente ante cualquier situación. Ahora en día lo que le inculcaste esta floreciendo, trabajadora pero sobre todo una madre ejemplar que se esfuerza por su educación y cultura.

Mi gran orgullo Maryta, no cabe duda que lo que bien se siembra se cosecha con éxito, me siento muy feliz al verla realizada como toda una madre de familia con dos hermosa hijas Maya y Leonor. Nuestro hogar se fortaleció de tal manera que el amor de Madre está presente en mi esposa y mi hija un binomio donde florece una familia con principios bien cimentados. No me queda la menor duda que ambas desarrollan todas sus potencialidades para lograr la realización plena de sus hogares.

 

-.Madre la luz placentera que irradias me guiara siempre mi senda.-

 

 

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