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Enseñanzas que Jamás se Olvidan

Por Humberto Famanía Ortega.

Hice una retrospección de mi vida para analizar con profundidad que ha sido lo importante de mí peregrinar por el tiempo que Dios me ha concedido, tratando de lograr la trascendencia. Lo primero reconocer a mi padre y madre como verdaderos maestros de la vida a quienes agradezco su amor y habilidad para educarme con principios morales que sigo conservándolos como acicate para vencer serias dificultades ante un mundo tan controvertido. El hecho de ayudarme con emoción e inteligencia, sobre todo con amor a convivir con mis hermanos y hermanas, reconociéndonos defectos y virtudes para lograr consolidarnos como una familia donde reino la paz y prosperidad para buscar siempre la felicidad.

Trabajar en equipo iniciando en el seno familiar, venciendo egoísmos y soberbia, donde la humildad convoque siempre a la solidaridad para aportar a la sociedad, todas aquellas acciones que nos brinden progreso a todas las familias. Saber que una educación cristiana viene a fortalecernos en todos los sentidos al reconocer a Dios como eje principal para facilitar en nuestro caminar aquellos objetivos tendientes a lograr bienestar total. Practicar siempre con el ejemplo para poder ser dignos de llamarnos humanos ya que fuimos creados a imagen y semejanza de nuestro Creador, buscando su complacencia, asi las adversidades se amainan.

Recuerdo a  mi madre Doña María Luisa Ortega de Famania, que constantemente nos decía a sus hijos e hijas que deberíamos de ser caritativos y ser orgullosos de poder disfrutar esta vida que fue creada para uso y disfrute de la humanidad. Nos comentaba todos tenemos una misión que debemos de cumplir, es cuestión de analizar con mucho tino del porqué de la justificación de nuestra existencia para poder llegar a integrarnos para vivir todos unidos y convencidos que este gran obsequio que Dios nos dio. Para que realmente lo gozáramos en toda la magnitud de la palabra pues todo es de Él, nosotros somos simples usufructuarios.

El contacto con la naturaleza otra gran enseñanza, haber nacido en esta tierra prodigiosa llamada en aquellos tiempos el paraíso escondido guarda grandes maravillas. Respetar los cauces de los ríos, sus montañas con su flora y fauna era una constante en nuestra educación, maestros entregados a la enseñanza con vocación comprobada para lograr buenos ciudadanos. Los trabajos manuales para despertar creatividad, el inculcarnos reglas de urbanidad, civismo, deporte al aire libre, la lectura y convocarnos para hacer poesía o canciones dedicadas al amor a nuestros padres, hermanos, amigos, maestros y a nuestra hermosa tierra con todos sus atributos.

Evoco a todos esos tiempos simplemente porque es justo y necesario saber que tenemos grandes raíces que es importante fomentarlas y adecuarlas a estos tiempos tan convulsionados. Que el legado deberá de estar siempre vigente para seguir protegiendo a nuestro entorno y desde luego los sagrados principios familiares. Tenemos todo en esta región hoy ya reconocida a nivel internacional, dar ejemplo de nuestro arraigo con hechos, para que las reglas las impongamos nosotros sin crear nuevos modelos que destruyan nuestra integridad y dignidad. Estamos a tiempo para evocar a la fuerza que da nuestro espíritu para buscar fortalecernos y seguir luchando afanosamente por nuestra integración.

Hay una máxima que dice “nadie es más ni menos que tú” depende de nosotros superarnos cada día, es el reto en todas las circunstancias de la vida.  Cuando te formas en la familia debe de existir una visión completa de lo que significa esta sociedad conyugal donde tus padres son la parte medular y a falta de estos,  abuelos, hermanos, tíos e inclusive en quienes recae la responsabilidad de la educación. Existen niños de la calle es aquí donde se deben de establecer programas bien precisos porque si no ocurriera asi muchos de ellos serían futuros delincuentes pues no tienen amor sin existir una férrea conducción en sus vidas.

Si cada uno de nosotros nos interesáramos en buscar soluciones para integrar a muchos niños en la educación y cultura en nuestras comunidades, tendríamos un País más productivo y viviríamos en paz y armonía. E inclusive en nuestras propias familias existe mucha irresponsabilidad en educar a nuestros hijos, todo se lo queremos dejar a los maestros y no es asi. Está comprobado que los niños aprenden a perdonar cuando ven que sus padres se perdonan recíprocamente. Si entendemos esto seguramente podemos apreciar la grandeza de la enseñanza de Jesús sobre la fidelidad en el matrimonio. Esto nos marca que todos los padres de familia, maestros, amigos debemos de practicar con el ejemplo.

Tomando una nota de Luz Flores Sánchez, donde habla de la resiliencia que define como la capacidad para afrontar los obstáculos de la vida. Una persona que aplica dicho medio, es capaz de superarse ante las amenazas, carencias o traumas. Me queda muy claro que el camino que lleva a la resiliencia no es fácil, sino que implica un caminar en comunidad. Aprender a mirar dificultades no como desgracias sino como oportunidades. Es por eso que a nuestros hijos podemos fortalecerlos enseñándoles a cumplir con sus deberes cotidianos y hacerse responsables de las consecuencias de sus actos. Hasta aquí dicha nota.

Pues bien estimados y respetables lectores, quienes de alguna forma tuvimos la oportunidad de tener padres responsables, muchos de nosotros viviremos eternamente agradecidos por sus cuidados y enseñanzas. Tener el privilegio de ser una familia numerosa donde hermanos y hermanos supimos aquilatar la fraternidad como un valor solidario, siempre podremos salir adelante consolidando e inclusive a nuestras propias familias. No cabe la menor duda que viviendo la fe, caridad y esperanza; son estas virtudes con las que debemos de actuar para seguir siempre adelante, aplicando esa inteligencia espiritual.

Doy gracias a Dios por ahora tener una pequeña familia con mi extraordinaria esposa Mary, mi hija Maryta y mis nietas Maya y Leonor y mi yerno Alberto, juntos estamos fortaleciéndonos día a día. Ahora es importante seguir colaborando con la comunidad donde convivimos para vivir en armonía fomentando nuestros principios y nuestra ayuda permanente para su prosperidad.

-.La felicidad en todo el sentido de la palabra no se alcanza producto de la casualidad o como resultado de la buena suerte. Se construye con el trabajo cotidiano y una buena actitud.-

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