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Los Enamorados de Puerto Vallarta

Por Humberto Famanía Ortega.- Cuantas veces cuando nos encontramos en la orilla del mar contemplando su inmensidad, soñamos con mucha emoción en aquellos pasajes llenos de vivencias que nos hacen sentirnos simplemente realizados. Olas que vienen y van, paisajes marinos, arenas suaves, espuma blanca, golpeteo con las piedras, susurros llenos de encantos, eso eres tu mi Puerto Vallarta Jalisco del alma. Vivir en armonía con este paraíso es la gloria, Dios lo realizo con pinceles plasmados con amor buscando la felicidad de sus hijos.

Caminando con tranquilidad por el malecón en cada paso que doy suspiro al recordar mi niñez tan llena de hermosos recuerdos. Cuando visitaba a mi padre en su oficina de la aduana a la orilla de este paseo peatonal frente al hotel Rosita, saludaba con gusto a su asistente Chayito siempre sonriendo con su mirada firme haciendo gala de sus bellos ojos. También a los del resguardo aduanal, el güero Preciado, Antonino García y Manuel Robles; todos ellos formaban una gran familia con principios muy fuertes.

Recuerdo que mi padre Don Andrés Famania López le gustaba nadar en el mar, era un magnifico nadador él fue nuestro instructor en la familia formada por diez de sus hijos. A un lado se encontraba el famoso Muey, donde también fabricaban embarcaciones de bajo calado, carpinteros experimentados que sabían moldear los troncos de los arboles a la perfección. No cabe la menor duda que eran unos verdaderos artistas, hombres de mar bien calados, que disfrutaban lo que hacían, los escuchaba cantar y silbar y una que otra mala palabra pero sin ofender.

Jugaba entre embarcaciones cubiertas con techo de palapas, me imaginaba viajando en ellas mar adentro con velas de manta, llevados por el viento escuchando las olas bajo un ritmo sin igual. Loa a esos conquistadores que guiados por las estrellas y las montañas realizaban sus viajes por toda la bahía de banderas. Hombres bragados, pescadores tradicionales, buzos que a puro pulmón nos deleitaban con manjares de la profundidad del océano. Cuantas cosas aprendí de ellos, siempre con respeto y cariño sostenía conversaciones sobre sus aventuras en esta costa sin igual.

Tiempo de lluvias grandes emociones, relámpagos y centellas anunciando verdaderas tormentas, como las disfrutábamos, las calles empedradas que iniciaban en el cerro eran verdaderas resbaladillas, muchos niños y jóvenes llenos de algarabía con tablas untadas de jabón de pan para facilitar el deslizamiento. Juguetes sencillos inspirados en la creatividad de la propia naturaleza. Momentos de grandes aprendizajes inspirados siempre en la camaradería de los que habitábamos esta prodigiosa tierra de ensueño.

Las campanadas de nuestra parroquia de la Iglesia de Guadalupe, sonidos que con su eco motivaban a la oración hoy con su esplendorosa corona surge como el icono principal, visión del Sr Cura Don Rafael Parra Castillo. Hombre entregado a su ministerio sacerdotal, mi mentor en mi ingreso al seminario y porque no decirlo fue quien me nombro presidente de la Acción Católica de la Juventud mexicana. Fue mediante esta agrupación religiosa donde se forma la Antorcha Guadalupana hace casi 53 años hoy en día ejemplo a nivel nacional y mundial por su formación y disciplina de sus miembros activos.

Dicen que recordar es vivir para mí la nostalgia me alimenta el alma, nunca debemos de olvidar nuestra raíces, nacer y vivir en este formidable lugar, implica entregarnos en cuerpo y alma a su protección. Debemos de ser muy agradecidos por disfrutar de su naturaleza y el cariño de sus pobladores, conservar nuestras tradiciones y costumbres, haciendo a un lado a los agoreros del desastre.

Son los tiempos de hacer una pausa en nuestra existencia para evaluarnos con sinceridad para saber de la correspondencia del beneficio que nos ha otorgado en la explotación de las potencialidades de este fabuloso destino turístico que necesita con urgencia la integración total.

Estar enamorados de nuestra tierra sacrosanta lo es todo, decirlo pero también con hechos mostrarlo ante propios y extraños. Entregarnos incondicionalmente al fomento de la promoción del destino, también implica cuidarlo celosamente para seguir avanzando en el bienestar de nuestras familias y sus moradores.

    -.Hagamos pues un compromiso de Amor y Lealtad.-

 

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