Sospechosismo

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Un “operativo” de la policía municipal de Guadalajara no termina y aunque desde el inicio informaron de algún decomiso, ahora con todos los cuestionamientos se convirtió en secreto, o como lo llaman las huestes de Salvador Caro, encubierto.

Lo que no reportaron oficialmente fue un incendio ocurrido la primera noche del operativo en Analco, que más bien fue en San Juan de Dios, con núcleo principal en la calle Insurgentes, como dije, del barrio de San Juan.

En el operativo estuvo a punto de ocurrir una desgracia de grandes dimensiones, cuando los habitantes de las casas aledañas a las que “reventaron” los municipales de Enrique Alfaro, estuvieron a punto de sufrir una gran explosión por el incendio provocado por los uniformados de Guadalajara, cuando se les pasó la mano y se les salió de control.

Son ya más de dos semanas que San Juan de Dios se encuentra en estado de sitio, además de algunas calles del barrio de Analco, en las cercanías del mercado de San Sebastián y la zona de la central camionera antigua.

Los vecinos y comerciantes piden ya que las vallas sean retiradas para que puedan tener clientela, que se pueda asistir libremente a la lucha libre en la Arena Coliseo, también sitiada por los azules de Caro Cabrera y sobre todo que dejen de bolsearlos cada que tienen necesidad de ingresar a sus domicilios. No somos narcos, dicen los vecinos del barrio.

De forma casi general, los uniformados le piden identificación a quien se arriesga a cruzar por las calles cercanas a la Arena Coliseo, además de tener ya asustados a los niños, quienes ya ven a las huestes del sheriff de Enrique Alfaro como el coco que se come a los niños. Ahora los peques que se niegan a irse a dormir, son amenazados con “echarle a los policías”.

La primera noche del operativo, en una de las casas aledañas a la que prendieron fuego los policías, dormían en su casa, como lo narra una de las vecinas: “Llegaron y nosotros estábamos dormidos y de repente comenzaron a tocar en la casa, querían entrar a la fuerza, salí y les dije que qué pasaba, me dijeron que abriera porque según ellos se comunicaba con la otra casa, me negué, se fueron y de repente comenzó a tronar muy feo, empezó a entrar humo, mis hijas estaban dormidas y ante tanto humo los saqué, luego llegaron los bomberos quienes dijeron que si tardaban unos minutos más, eso habría tronado todo y media cuadra está dañada por la explosión por los solventes que quemaron, en otra casa había dos muchachas que acababan de tener a su bebé y por más de cuatro horas no pudimos entrar”, explicó.

Esa fue noche de terror, según comentan los vecinos, quienes son acusados de comerciar un 20 por ciento de las drogas que circulan en Guadalajara y ya no sienten lo duro, sino lo tupido, porque el sheriff y ahora nombrado dictador merced a un nuevo reglamento, tendrán que aguantarlos al menos tres meses, “aunque chillen”, expresó uno de los comandantes responsables de la represión, llamada oficialmente “operativo”.

Una vendedora de ropa usada, lamenta y se las mienta porque en casi un mes, no ha logrado vender ninguna prenda porque además de los policías, los inspectores no dejaron que se instalaran los puesteros en la confluencia de Medrano y la Calzada Independencia, donde de forma “bondadosa” el dueño de Guadalajara les había dejado comerciar sus productos.

Dice la comerciante quien se niega a dar su nombre “porque me chingan”: “Tenemos necesidad de nuestra fuente de trabajo, nosotras como mujeres, la mayoría de nosotros tenemos más de 45 años, sin estudios, sin preparación, entonces nadie nos da trabajo. Ahorita vemos que el estudio nos hace falta, pero ya no podemos ir a la escuela”, señaló.

Todas las ventas se cayeron porque las calles están bloqueadas, los uniformados les exigen la identificación y de repente se meten a la fuerza a las viviendas y el transporte público fue desviado. Las rutas de la calle Aldama-5 de Mayo-Medrano, fue desviada a la de por sí caótica Gigantes, donde no se aparecen los de Vialidad y se convirtió en un gran estacionamiento.

Se le pregunta a otra de las vecinas si no les han avisado cuando termina el operativo y dice que a esos cabrones no se les puede hablar y con miedo expresa que las acciones del municipio resultan exageradas y lejos de apreciar seguridad por la gran cantidad de uniformados, la gente siente que se encuentran en estado de sitio. “Ya ni los borrachos vienen a las cantinas de la zona”.

Que se queden los cuicos, pero que retiren las vallas para que los vecinos puedan ingresar libremente a sus viviendas, quieren un líder para encabezarlos y acudir a la Comisión Estatal de Derechos Humanos por abuso de autoridad.

Los narquillos deben estarse riendo del operativo, dicen, porque nosotros somos comerciantes y además de los vecinos, sienten que son los más perjudicados y aunque San Juan de Dios y Analco se catalogan como barrios “bravos”, no se han manifestado como lo hacen “los del otro lado de la calzada”.

Hace unos días se registró un conato de bronca, porque los policías querían esculcarle a la señora “ahí”, pero como ellos son autoridad, no hay dónde quejarse y demandan la presencia de “alguien” con más autoridad que los policías. “Pero ellos son los que les ordenan”.

Antes los niños con precaución salían con sus triciclos para pasear por la banqueta, pero ahora no se puede “porque los policías están bien feos” y si antes pensaron que los policías estaban para cuidarlos, cuando vieron que a las personas mayores les piden identificación y les meten la mano a los bolsillos, ya no quieren salir.

Hasta las hetairas se quejan por la falta de clientes y se fueron a otras colonias, porque el miedo a los policías “porque no se sabe lo que buscan”, ya los clientes que iban al consuelo de los afligidos no se acercan.

Las sospechas de que hubiesen sido policías quienes también le prendieron fuego a una finca de tres niveles, ahora sí reportó víctimas con la muerte de dos menores y otro pequeño lesionado, pero los policías le dejaron el informe a la Unidad de Protección Civil y Bomberos de Guadalajara, dependencia que informó que el siniestro se dio a las 13:08 horas, en un cuarto de tres por tres metros, del número 238 de la calle Insurgentes, entre Medrano y Fortunato Arce, muy cerca del siniestro provocado por los policías la primera noche del operativo.

Esta vez murieron dos menores, pero el operativo sigue y no saben el tiempo de duración, mientras cientos de colonias continúan en el desorden y Enrique Alfaro sostiene a su represor sheriff, ante la inconformidad de la ciudadanía de Guadalajara.

Nos leemos mañana.

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Acerca del Autor

Yuliana Tovar