Estrategias

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De cumplirse, quedaría garantizada la supervivencia del Lago de Chapala, luego de la firma de un decreto presidencial, mediante el cual se declara de utilidad pública la protección, mejoramiento, conservación y restauración de las cuencas hidrológicas que conforman la subregión hidrológica.

El decreto publicado el martes pasado en el Diario Oficial de la Federación (DOF), ordena zona de veda en la totalidad de las cuencas de la cuenca Lerma-Chapala, para la explotación, uso o aprovechamiento de aguas nacionales superficiales.

En este caso sí vemos correcciones a las disposiciones legales que ya fueron derogadas y que habían sido emitidas desde 1931,en relación al Lago de Chapala, Río Lerma y Río Grande de Morelia.

La nueva veda se argumenta por Peña Nieto: “Los instrumentos jurídicos referidos en el considerando anterior no abarcan la totalidad de las cuencas comprendidas en la subregión hidrológica Lerma-Chapala, por lo que no se ha logrado la atención prioritaria de la problemática existente en las cuencas que la conforman, ni la solución de los conflictos asociados a dicha problemática”.

En los considerandos se toma en cuenta, que la distribución del agua se realizará tomando en cuenta el nivel de almacenamiento del Lago de Chapala y dicen los entendidos que por eso la Conagua se dio prisa en dictaminar la construcción de la presa de la discordia en Los Altos, toda vez que con el decreto presidencial se daría solución al abastecimiento de agua en la zona metropolitana.

Dice el decreto que será esa dependencia, la Conagua, el ente que determine que el área de influencia está en una situación de emergencia o escasez extrema, cuando ocurra cualquiera de las siguientes condiciones.

Es decir, cuando el volumen del Chapala descienda por debajo del nivel correspondiente a dos mil 357 millones de metros cúbicos al primero de noviembre o por debajo del nivel correspondiente a mil 247 millones de metros cúbicos al primero de junio, o que no se pueda satisfacer el 50% de los volúmenes máximos a los usuarios en un ciclo agrícola determinado”.

Una vez pasadas las luchas armadas de 1910 y los desmadres propiciados por los curas con su llamada guerra cristera, iniciaron las luchas por el agua, hasta que a fines de los años ochentas, hace exactamente 25 años (13 de abril de 1989), fue firmado un convenio de coordinación por Jalisco, con Guanajuato, Edomex, Michoacán y Querétaro.

Dicho convenio tenía la intención de ordenar los aprovechamientos hidráulicos y el saneamiento de la cuenca Lerma-Chapala, pero no daba garantías de la llegada de agua suficiente al Chapala, hasta que en diciembre de 2004, Ramírez Acuña firmó otra vez con el arbitrio del gobierno federal de Vicente Fox, un nuevo convenio.

El convenio carecía de un reglamento y es ahora, diez años después cuando Peña Nieto firma el decreto correspondiente, luego de que desde 2006, fue dictaminado un déficit de agua superficial de 677 millones de metros cúbicos.

El decreto peñanietista limita la extracción, a cinco mil 122 millones 900 mil metros cúbicos anuales, incluida la evaporación, conforme a los estudios técnicos de la Comisión Nacional del Agua (Conagua).

El documento firmado por Peña Nieto y que puede consultarse en el DOF del 8 de abril pasado, tiene como nombre legal Decreto por el que por causas de interés público se suprimen las vedas existentes en la subregión hidrológica Lerma-Chapala, y se establece zona de veda en las 19 cuencas hidrológicas que comprende dicha subregión hidrológica.

Por eso decíamos en la anterior entrega, que la crisis de Chapala no solamente es por causas naturales, sino por las razones políticas que veremos en breve, como fue visto en la construcción de una planta eléctrica, posterior a la construcción de la presa Cajón de Peñas en el municipio de Tomatlán.

De ahí vienen los tandeos, porque se trata de crear psicosis por los gobiernos federal y estatal, según artículo de Agustín del Castillo en el diario Público, quien refiere los nombres de Manuel Guzmán Arroyo, director del Instituto de Limnología, y de los investigadores Arturo Curiel Ballesteros, del Centro Universitario de Ciencias Biológicas y Agropecuarias (CUCBA), y Arturo Gleason Espíndola, del Centro Universitario de Arte, Arquitectura y Diseño (CUAAD).

Señalan los especialistas que los dichos de Tito Lugo, son una simple previsión que podría confirmarse con los temporales de 2014, 2015 y 2016, pero que no significa que deban construirse a webo las presas El Zapotillo y El Purgatorio, y el catastrofismo es la gran justificación para un negocio de grandes proporciones.

“De hecho, el futuro del lago de Chapala está ligado al interés de Guadalajara, por lo que ‘vender’ los nuevos proyectos para evitar que se extraiga agua del lago es tramposo y poco probable. Mientras Chapala sea necesario para Guadalajara tenemos la posibilidad de que exista, de lo contrario, pues se le va a desecar y ya”, advierte Guzmán Arroyo.

“La crisis la está provocando el propio gobierno, resulta que están dejando los controles y siembran en la zona del lago, adentro de la zona federal, y para evitar que los terrenos se inundaran, le sacaron agua al lago; incluso tienen bombas con más capacidad de extracción de agua que el acueducto Chapala-Guadalajara […] me parece que lo que dice el gobierno es una estrategia para hacer obra; El Zapotillo es realmente para Guanajuato y no para Guadalajara, y a cambio de eso el gobierno de Guanajuato no deja pasar agua al río Lerma; es una crisis totalmente artificial”, agrega el académico, en declaraciones previas al decreto presidencial del 8 de abril.

“Es totalmente contradictorio; ellos van por las obras; si son costosas, si sirven o no sirven, ya no les importa, se hizo la obra y se cobró; el problema es que no hay cumplimiento de las leyes, no hay cumplimiento de los acuerdos nacionales, está el acuerdo Ramsar, el de protección de las aves migratorias, y no se respetan […] si no vemos a este país de un modo distinto al de los puros negocios, pues estamos mal…

Gleason Espíndola coincide con sus dos colegas. “Yo creo que ese discurso de que Chapala se va a acabar y de que por eso debemos hacer megapresas, no es el más adecuado; desde el punto de vista científico, académico, es una política basada en aumentar la oferta, sobre los costos sociales y ambientales que lleve esto, y ahí brilla por su ausencia el discurso del recurso bien cuidado, de la conservación, de la cultura del agua […] coincido en que estamos en una crisis de agua, en la ciudad, en el estado, en el país, pero la manera en que se está enfrentando no nos da opción, más que de aumentar la oferta, sin considerar los rezagos que hay en infraestructura, los rezagos que hay en cuanto a la conservación, y sobre todo el rezago que hay en el aprovechamiento de los caudales, de las aguas que tenemos ya en la ciudad”.

Nos leemos mañana.

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Acerca del Autor

Periodista que ha laborado a lo largo de su trayectoria de cuatro décadas en distintos medios de comunicación, en diarios como El Jalisciense, Mercurio, El Sol, Policías y Ladrones, Meridiano, Ahora Jalisco, ha sido titular de diversos espacios informativos en radio, actualmente colabora en Canal 58 de Guadalajara y es corresponsal del Periódico El Occidental de la OEM en Puerto Vallarta, Jalisco.